Decision fatigue

Fatiga de decisión

Lunes por la mañana.

Te levantas y descubres que, debido a una gran nevada que cayó el fin de semana, tus hijos no van a ir al colegio. De repente, necesitas tomar decisiones sobre cosas que no tenías previstas: quién se va a quedar con ellos, qué vas a hacer de comida y dónde vas a trabajar en casa para evitar que haya mucho ruido (en el caso de que hayas sido tú el que vaya a disfrutar del día de colegio en casa).

Durante la mañana, te llega una sorpresa en forma de proyecto de parte de tu jefe. Y tienes que reorganizar el trabajo de la semana para poder hacerte cargo.

Más decisiones.

Después de comer, en la reunión de equipo, tienes que tomar alguna decisión sobre cómo vais a abordar el proyecto-sorpresa y reorganizar el resto de cosas de las que os estabais ocupando.

Para rematar el día, te cuentan que la reunión urgente que habías convocado para contarle al comité de dirección cómo iba el año y los proyectos que querías lanzar se ha aplazado. No vas a poder cumplir con lo que tenías planificado para los siguientes 6-12 meses así que vas a tener que ver cómo replanificar y cambiar las cosas para seguir adelante.

Cuando finalmente te sientas a cenar con tu familia, uno de tus hijos te dice: Eh, ¿sabes qué? Ha llamado la abuela. Quiere saber si quieres que haga tarta de manzana o de fresas. Nos la va a traer el fin de semana. ¿Qué le digo?

¿Qué le dices? Yo que sé. Me da igual (todo esto, sabiendo que odias la tarta de manzana).

Simplemente no puedes tomar más decisiones. Incluso las que serían facilísimas en otro momento se vuelven muy duras.

¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Te has sentido así?

Esta sensación se llama fatiga de decisión (en inglés): cuantas más decisiones tenemos que tomar, peor es la calidad de las decisiones que tomamos.

Este tipo de estrés es muy común en gente que lidera equipos o proyectos y, aunque no lo sepas, te sorprenderías de cómo la cantidad de decisiones pequeñas que tomamos todos los días afecta a nuestra capacidad para tomar decisiones importantes.

¿Qué hago si sufro fatiga de decisión?

Te propongo que cuentes todas las decisiones pequeñas o grandes has tomado hoy en casa y que les sumes las que hayas tomado en el trabajo. ¿Cuántas han sido?

Si sabemos que cuando tomamos muchas decisiones (da igual el tamaño) lo hacemos peor, ¿qué podemos hacer para reducirlas?

Probablemente hayas oído alguna vez que gente como Einstein o Steve Jobs se ponían todos los días el mismo tipo de ropa. La razón por la que lo hacían es no tener que tomar la decisión sobre que ponerse, que era irrelevante. Y así se podían concentrar en otras cosas más importantes.

Obviamente, no te estoy diciendo que hagas lo mismo. Lo que me interesa es el razonamiento que hay detrás.

Hay algunas cosas que puedes hacer para reducir la fatiga de decisión o facilitar el número de decisiones que tienes que tomar:
  • Simplifica. ¿Te has parado a pensar qué cosas te dan igual? Si algo te da igual, no decidas. Déjalo pasar sin dedicarle ni un segundo de tu energía.
  • Planifica. Si sabes que hay algo que tienes que hacer todas las semanas (por ejemplo, la agenda para tu reunión de equipo), hazlo el día que hayas planificado y no vuelvas sobre ello.
  • Delega. No todas las decisiones que tomas tienen la misma importancia. Delega las que no sea imprescindible que tomes tú.
  • Concéntrate. ¿De qué te tienes que ocupar realmente? Es verdad que evaluar de qué ocuparse requiere tomar decisiones, pero es un tiempo bien invertido. Cuando lo encuentres, concéntrate en ello.
  • Prioriza. Una vez que sepas de qué te tienes que ocupar, encárgate primero de lo más importante.

Tomar decisiones es un trabajo cansado y duro (a veces también muy ingrato) pero podemos hacer algunas cosas que nos lo hagan más fácil y que nos permitan ser muy efectivos en lo que realmente nos importa que salga bien.