¿Juegas para ganar o juegas a no perder?

Me gusta el cine. Así que voy a aprovechar el argumento de una película para daros algo en lo que pensar.

La película es Mentes Peligrosas (Dangerous minds) en la que una siempre estupenda Michelle Pfeiffer encarna a una exmarine – LouAnne – que empieza a dar clase de literatura en un instituto con alumnos muy problemáticos.

Y ¡acción!

En su primer día LouAnne aparece en el instituto y se comporta como se espera de una profesora: seria, comedida, apegada al plan de estudios y aceptando, sin cuestionarlas, las normas que le explica el director. Y así, se enfrenta a su clase. Y digo enfrenta porque intenta imponerse desde una supuesta posición de superioridad. Sus alumnos no reconocen su autoridad en la clase ni su capacidad para enseñarles nada.

Paremos aquí.

¿Qué está pasando? Ella está haciendo todo lo que se espera que debe hacer una buena profesora: ha preparado la clase, se ha ajustado a las normas, tiene conocimiento suficiente para impartir la asignatura. Se parapeta en “tenéis que escucharme porque soy la profesora y vosotros los alumnos”, “yo sé y vosotros no”, “estoy aquí para ayudaros”. Y, ¿cuál es su impacto? Ninguno. No consigue lo que se había propuesto. No consigue hacerse con la clase. Nada.

¿Desde dónde está jugando ella? Está en lo seguro, en el miedo a hacerlo mal, en el miedo a no cumplir las normas, en el no parecer que no sabe o que no es lo suficientemente seria o en el miedo a perder el trabajo. Al fin y al cabo le han dado la oportunidad para demostrar que sí está preparada para dar clase. Y todo este miedo, sólo la lleva a jugar para no perder. Y resulta que pierde.

Después de esta pésima experiencia decide hacer cosas distintas. Al día siguiente aparece en el instituto vestida con vaqueros y una chaqueta de cuero y entra en clase y, en vez de enseñar literatura, lo primero que hace es reconocer que viven en un sitio peligroso y les enseña karate. Y en vez de acatar las normas del director, les propone crear unas normas aceptables para todos que rijan en esa clase. Se salta el plan. Hace cosas que “no” se hacen en un aula. Deja espacio para que hablen. No impone, persuade.

¿Desde dónde juega ahora? Juega desde la visión (“pueden aprender y voy a enseñarles”) o desde el propósito quizás (“voy a encontrar el medio para que aprendan”). Y se arriesga. Y quizás lo pierda todo. Les engancha, les persuade, les anima. Se ha olvidado de su miedo, juega para ganar y gana.

Fin.

Ahora pensemos en nuestro día a día. En la cantidad de veces que hemos dejado que el miedo nos dicte lo que hacemos. Y en cómo ese miedo nos hace jugar para no perder. Nos focalizamos en mantener el status quo y son las circunstancias las que nos dominan: “hago esto porque no tengo opción”, “si me arriesgo y no sale bien…”, “siempre se ha hecho así”, “no vamos a cambiarlo porque si no funciona la culpa será mía”….

El miedo nos hace jugar para no perder. Para mantener el status quo.

Y seguro que también podemos encontrar veces en las que hemos jugado para ganar. Dónde nos ha movido el propósito y la visión. Dónde sabíamos a dónde queríamos llegar y nos hemos arriesgado, hemos roto normas… aunque pudiéramos perder. Y ganamos.

Si hablamos de liderazgo, ésta es una cuestión clave. En un mundo donde cada vez hay más incertidumbre y complejidad, dónde ya nada es lo que era, dónde las personas son cada vez un factor más importante, el impacto duradero sólo se consigue desde la visión, el propósito y la colaboración. Las viejas formas cada vez dan menos resultado aunque hayan funcionado hasta ahora. Y es normal que nos vayamos a las cosas que nos han funcionado hasta ahora. Pero el líder, para serlo de una forma efectiva, debe jugar para ganar.

Para ser un líder efectivo necesito jugar para ganar.

Así que ante los retos, ¿qué quiero hacer? Y ¿quién necesito ser para lograrlo? El desarrollo de nuestro liderazgo empieza con un aumento de la consciencia de cómo nos comportamos y desde dónde hacemos las cosas.

¿Qué me mueve? ¿El miedo a no perder o las ganas de ganar?

Obsérvate.

Buen fin de semana.