Entitled to our opinions / Derecho a opinar

Derecho a opinar

¿Tenemos derecho a opinar? Tal y como están las cosas últimamente en el mundo, es un tema bastante controvertido.

Si todo el mundo tiene derecho a opinar, ¿son todas las opiniones igualmente válidas en todos los contextos? Lo ideal sería que las opiniones se basaran en hechos. Sin embargo, nuestra capacidad de recabar información es limitada. ¿Qué hechos debemos tener en cuenta? ¿Cómo sabemos qué es relevante y qué no lo es?

Cuestión de perspectiva

Todas nuestras opiniones están sesgadas, pero no todas lo están de la misma manera. La información que recopilamos depende de nuestros intereses, formación, cultura y otros factores. Nuestras conclusiones dependen de esa información.

En 2001, Janet Stephens, una peluquera de Baltimore, hizo un gran descubrimiento al cuestionarse un hecho sobre la antigua Roma que todo el mundo había dado por sentado.

Visitando un museo, conoció los complejos peinados que llevaban las Vírgenes Vestales y trató de imitarlos. Leyendo sobre Roma, se topó con el término «acus», que se traduce como «horquilla». Pero su experiencia con el bordado le hizo pensar que estos antiguos peinados se hacían con aguja e hilo. Sus hallazgos se publicaron en el número de 2008 de la revista Journal of Roman Archaeology.

Lo que marcó la diferencia fue que nadie que hubiera investigado este tema antes tenía un conocimiento sobre peinados y técnicas de bordado. Lo que se “sabía” solo eran suposiciones basadas en el conocimiento que se tenía y en el llamado sentido común. Ante los mismos hechos, las conclusiones eran distintas.

Es cierto que la diversidad de opiniones suele dar lugar a debates más enriquecedores y a una comprensión más amplia del mundo, pero ¿deberíamos estar dispuestos a respetar el derecho de los demás a opinar?

Respeto

Aunque todo el mundo merece respeto, no todas las opiniones son respetables, especialmente si son perjudiciales para la seguridad psicológica de otra persona. Por tanto, aunque tenemos derecho a expresar nuestras opiniones, también tenemos la responsabilidad de garantizar que nuestras palabras y acciones contribuyen a crear un ambiente seguro y respetuoso para todos. En algunos entornos especialmente, como el trabajo y las instituciones educativas, todo el mundo debe sentirse seguro para expresar sus pensamientos e ideas sin temor a humillaciones o represalias.

Pero tener derecho a expresar nuestras opiniones no significa que no tengamos que responsabilizarnos de su impacto. La libertad de expresión no significa estar libre de consecuencias. Y, sin embargo, todo el mundo merece respeto. ¿No es así?

Cuando no estamos de acuerdo con alguien, lo más probable es que estemos rebajando a la otra persona al cuestionar no sólo su opinión, sino su derecho a ser y su humanidad. Esto es lo que ocurre cuando utilizamos el argumento «ad hominem». Consiste en desacreditar la opinión de un individuo atacándole a él mismo en lugar de discutir su argumento.

Así pues, aunque tengamos derecho a opinar, eso no significa que nuestras opiniones no tengan impacto y debamos ser responsables de ellas. También somos responsables de crear las condiciones en las que todos se sientan seguros, recordando que debemos responder a los argumentos, no atacar a la persona.

Foto de Jonathan Harrison en Unsplash