Difficult conversations / conversaciones difíciles

Conversaciones difíciles

Llega el momento de pensar en nuestros propósitos para el año nuevo. Muchos pensamos en lo que queremos para este año, lo que nos obliga a tomar algunas decisiones. Algunas veces esas decisiones conllevan cambios que hacen que necesitamos tener conversaciones difíciles con alguien. En el trabajo o en casa.

Las conversaciones difíciles son necesarias para llevar nuestras vidas como queremos. Abren posibilidades y, aunque no te lo creas, mejoran nuestras relaciones.

Emociones fuertes

La diferencia entre estas conversaciones y las conversaciones normales son nuestras emociones. Cuando algo nos importa, las emociones son fuertes y a veces hacen que digamos o hagamos cosas que van en contra de lo que queremos.

Las emociones son una señal de alarma. Aparecen para que nos demos cuenta de algo. A la hora de tener una conversación difícil, nos pueden llevar a pensar que tenemos que elegir entre dos malas opciones.

  • Decir lo que pensamos y poner en riesgo nuestra relación, decepcionando a alguien que queremos o yendo en contra de alguien con poder.
  • Sufrir en silencio, permitiendo que la situación vaya por un sitio que no nos gusta.

Pero no es verdad. No tenemos que elegir entre decir lo que pensamos y cuidar nuestras relaciones. Podemos negarnos a caer en esta falsa dicotomía y conseguir ambas cosas.

Iniciar un diálogo

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿cómo podemos ser honestos y respetuosos a la vez? 

Todas las conversaciones que van bien tienen algo en común: la información fluye. Esto significa que los involucrados son capaces de expresar honestamente opiniones, sentimientos y pensamientos, incluso si son impopulares.

En cualquier conversación difícil, las opiniones difieren. Yo creo una cosa y tú crees otra. Yo tengo una historia y tú tienes otra.

Y, sin embargo, podemos hacer que todos se sientan seguros para compartir sus ideas, sin preocuparse por las consecuencias. Sin compartir esa información, no podemos mantener un diálogo productivo.

Que todos sean honestos y respetuosos no es fácil. A veces la sinceridad puede provocar enfado o decepción. La clave es no perder de vista el propósito. Hay que recordar que podemos discrepar en las ideas y seguir respetando a la persona.

Propósito

Cuando escuchamos otras ideas, nuestra capacidad para tomar decisiones aumenta. El diálogo no es el fin en sí mismo. Lo importante es el resultado de la conversación.

No perder de vista el propósito significa no dejar que nuestras emociones se interpongan, ya sean miedo, amor, ira o resentimiento. También implica que seamos capaces de entender que la otra persona tiene derecho a sentir lo que siente.

Cuando dejamos que los demás nos digan lo que piensan, recopilamos información que nos da pistas sobre cómo llevar la conversación. Si somos capaces de gestionar nuestras emociones, eliminamos obstáculos que dificultan llegar a un buen resultado. Y si conseguimos dialogar, y entendernos, no tendremos que elegir entre la decisión y la persona.

Así que, brindo por un año lleno de conversaciones difíciles que mejoren tu vida y tus relaciones.

¡Feliz Año Nuevo!

Foto de Etienne Boulanger en Unsplash